Transformaciones del emprendimiento post-pandemia

 In Networking

Por: Natalia Briones

Emprender, antes del inicio del COVID-19, significaba materializar aquello que sólo existía en nuestra mente a través de una correcta administración del tiempo y una gestión adecuada de recursos, por lo general, limitados.

Nunca existieron fórmulas mágicas, pero frecuentemente el gremio empresarial nos recordaba que bastaba comenzar con esfuerzo, trabajo diario y una pizca de suerte.

Pese a los riesgos que conllevaba, el tiempo transcurría de otra forma, éramos nosotras las que buscábamos el cambio, las que lo controlábamos, como si tuviéramos ese poder… Éramos las mismas que querían consagrarse como aquellas que revolucionaron lo existente, las que tuvieron una idea tan innovadora que, una vez que es un éxito, hasta suena difícil pensar nuestra cotidianeidad sin ese invento. Uno de esos momentos en los que quizá se pregunten, al igual que yo, por qué no se nos ocurrió si resultaba tan obvio que lo necesitábamos.                           Algunos románticos harán referencia a los golpes de suerte, otros a la inteligencia súper avanzada, quizá habrá uno que otro lunático que mantenga que el éxito siempre depende de cada una, de si aprovechamos o no las oportunidades que “se nos presentan”.

La llegada del virus nos obliga a replantear nuestro papel como emprendedoras. A pensar en lo que estamos haciendo, enfrentando la dura realidad que apunta a que estábamos siguiendo la corriente de lo contemporáneo y no éramos tan innovadoras como creíamos.

Justo ahora, nos colocamos desde un lugar en el que es importante mirar y conectar con una comunidad diversa para hacerle frente a una batalla global cuyo enemigo es invisible. Vemos las muestras de solidaridad desde casa, balcones armonizados, aplausos, clases online, envíos gratis a domicilio, una suerte de normalidad anormal que se queda en casa. Después de esto, ¿cómo mantenemos esa cooperación en nuestros espacios de trabajo? ¿Cómo  logramos que hacer las cosas de otra forma? ¿Cómo restructurar nuestros éxitos?

Por primera vez en mucho tiempo, sin importar las fuentes que busquemos, nadie tiene una respuesta del alcance real de esta pandemia, todos nos invitan a imaginar mundos alternativos,  a que re-direccionemos nuestra mirada con responsabilidad para replantear hábitos de trabajo, de consumo, de socialización, pero para una generación a la que se nos ha acostumbrado a encontrar soluciones rápidas en Google, Youtube y todas las redes sociodigitales, sin duda es un momento histórico que nos obliga a ser humildes, a volver a la base y preguntarnos qué es lo indispensable para rediseñar –como si pudiéramos hacer maquetas del devenir- tanto nuestra forma de vivir como de ganarnos la vida.

Si algo hemos aprendido en estos cuarenta  y tantos días de tener el privilegio de permanecer en casa y trabajar desde ahí, es que esta crisis no sólo es sanitaria. A estas alturas de la cuarentena, resulta difícil seguir pensando que sólo constituye una crisis que se resolverá en los hospitales. Y esto no es para desplazar la incansable labor del personal médico, a quienes hay que honrarles en cada espacio disponible, sino de constatar que estamos viviendo una transformación de la normalidad con la que crecimos y quisimos enseñar a las nuevas generaciones.

Cuando podamos comenzar a caminar de nuevo fuera de casa, además de tener que adaptarnos a todos los cambios que vienen; frecuentar con menos regularidad a nuestros seres queridos, recargarnos sobre la tecnología para hacer negocios, acercarnos a espacios de trabajo compartidos, convivir con servicios automatizados, etcétera, es inminente prestar más atención a los detalles. A aquello que nos hace humanos.

Son los detalles, palabras e incluso sonrisas que han sido cubiertas por tela las que deben recordarnos los motivos  por los cuales trabajamos todos los días.

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