La rebelión de las corbatas y el lápiz labial

 In Networking

Por: Natalia Briones

Hace algunos años, la apariencia era una parte fundamental en la vida laboral. La reputación de las empresas iba en consonancia con el uso de corbata, traje, maquillaje y, sobre todo, un aclamado gusto por el consumo de ropa de temporada.

Pese a que personalidades como Mark Zuckerberg o Joanna Hoffman demostraron que nunca hubo una correlación entre el modo de vestir y tener éxito, no fue sino hasta el inicio de la pandemia cuando logramos desligarnos de esa idea. Pants, pijama, shorts y toda esa ropa cómoda que sólo utilizábamos cuando nos sentíamos relajados, se ha convertido en el atuendo por excelencia para trabajar a distancia.

A simple vista, es un fenómeno en el que se privilegia el trabajo efectivo sobre los gustos o características personales. Siendo la sustancia y no la forma, cuando se trata de demostrar la capacidad de cumplir con la tarea establecida.

Volver a la calle y a aquellas actividades que solían ser cotidianas, no sólo significa replantear nuestra relación con los espacios y las personas con las que entablábamos conversación, sino también, reconsiderar qué es lo que realmente necesitamos para cumplir exitosamente con nuestras labores.

¿Será momento de que sigamos la inercia en la cual el trabajo no va acompañado de elementos tan banales como la vestimenta suntuosa o las apariencias?

Ahora, ¿qué pasa cuando, por motivos de higiene, se insta a la población a evitar el uso de accesorios como la corbata  e íconos de la moda actual como barba, joyas y relojes como una muestra de solidaridad? Como una aportación individual y desinteresada dentro de nuestros espacios de trabajo para frenar el contagio.

¿Estamos dispuestos a  replantear nuestra forma de vestir y reflejarnos diferentes ante la mirada de los demás? ¿Hasta qué punto la libertad individual puede ser limitada?

Considerando que durante la cuarentena no habíamos utilizado ni lápiz labial, ni delineado de barba, ni corbatas ni esas reliquias familiares, ¿las necesitamos para demostrar nuestro expertise en el ámbito laboral? ¿Para qué las utilizamos realmente?

Es un hecho que durante las crisis, el interés de los consumidores cambia, se transforma y fluctúa.
¿Hasta dónde estaremos dispuestos a transformarnos como individuos?

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